Mientras la economía digital acelera su expansión en Colombia, el fraude de identidad continúa representando un riesgo significativo.
Según datos del primer semestre de 2025, publicados por la central de información financiera TransUnion, el índice de fraude digital en el país se ubicó en 2,3%, un nivel que, aunque menor al registrado en años recientes, sigue afectando millones de transacciones en línea y representa uno de los desafíos más complejos para empresas y entidades públicas en la era digital.
De acuerdo con datos de la Universidad Nacional, se estima que la suplantación de identidad digital generará más de 50 billones de pesos en pérdidas para 2025, un impacto económico que refleja la sofisticación creciente de los delitos cibernéticos y la urgencia de soluciones tecnológicas más robustas.
En este contexto, el reconocimiento facial se perfila como una herramienta estratégica para elevar los estándares de autenticación, detectar patrones de fraude que escapan al ojo humano y reforzar la confianza en procesos digitales sin contacto. Esta tecnología no sólo complementa los métodos tradicionales, como las huellas dactilares, sino que supera limitaciones técnicas y operativas que estos presentan en entornos remotos o de alto volumen transaccional.
“La huella dactilar fue una tecnología eficaz en su momento, pero el crecimiento de los servicios digitales exige mecanismos que no dependan de un escáner o de la presencia física. Con la validación facial, elevamos los estándares de seguridad y permitimos que la identidad de cada colombiano sea su propia llave de acceso desde cualquier dispositivo”, afirmó Simbad Ceballos, CEO de OlimpIA.
A diferencia de los métodos basados en huellas, que pueden presentar fallas por el desgaste de la piel o problemas con escáneres físicos, las soluciones de validación facial analizan patrones únicos del rostro y emplean algoritmos que verifican la presencia física de la persona en tiempo real. Esto aporta ventajas claras en rapidez, higiene y capacidad de detección frente a intentos sofisticados de suplantación digital.
Este enfoque resulta especialmente relevante en Colombia, donde la dependencia de sistemas de verificación presencial ha generado cuellos de botella para el acceso a servicios financieros, trámites públicos y plataformas de salud. Al permitir autenticaciones seguras desde cualquier lugar, la validación facial contribuye a eliminar barreras geográficas y a incluir a comunidades que históricamente han tenido acceso limitado a la infraestructura tradicional de identificación.
“Migrar de la huella dactilar a la validación facial tiene cada vez más sentido. Es el momento de dejar atrás métodos del pasado y adoptar la validación remota como estándar para la interacción digital en el país. Nuestra apuesta es que cada organización en Colombia elimine la presencialidad innecesaria y potencie sus servicios con una identidad digital segura, centrada en la comodidad del ciudadano”, sostuvo Ceballos.






