El próximo 4 de mayo de 2026, ASINFAR y el INVIMA realizarán en Bogotá el Primer Diálogo Latinoamericano entre Autoridades Sanitarias e Industria Farmacéutica.
Se trata de un espacio técnico orientado a avanzar en convergencia regulatoria, reducir la fragmentación normativa y construir condiciones de confianza entre agencias y productores que permitan mejorar el acceso y la eficiencia de los sistemas de salud en la región.
Al día siguiente, el 5 de mayo de 2026, se llevará a cabo el 3 Foro Farmacéutico Latinoamericano, concebido como un espacio de definición estratégica en el que se abordará la política farmacéutica como política de Estado, en el cruce entre seguridad sanitaria, sostenibilidad financiera y desarrollo industrial.
Estos encuentros no son eventos aislados. Responden a una realidad que Colombia ya no puede seguir ignorando. En 2025, el mercado farmacéutico alcanzó los $32,47 billones, pero el 83% de las unidades —medicamentos de bajo precio— apenas representó el 28% del valor total, mientras un grupo reducido de productos de alto costo, en su mayoría importados, concentró el 72% del gasto.
En el canal institucional, los medicamentos importados representan el 84,5% del valor, y cerca de la mitad de las compras se concentra en productos con un solo oferente, lo que reduce la capacidad de negociación del Estado y expone al sistema a riesgos estructurales de desabastecimiento.
En ese contexto, la industria farmacéutica nacional cumple un papel que suele subestimarse: es el principal factor de equilibrio del sistema. Donde hay producción local hay más competencia, mayor diversidad terapéutica y precios más accesibles. Sin embargo, el país persiste en una paradoja difícil de sostener: exige sostenibilidad mientras debilita la base productiva que la hace posible.
La discusión que se dará en Bogotá no es menor. El mundo ya entendió que el medicamento no es un bien transable ordinario, sino un componente crítico de la soberanía, y por eso las principales economías están reconfigurando sus cadenas de suministro, fortaleciendo su producción local y diseñando políticas industriales explícitas en salud. América Latina, en cambio, sigue atrapada entre la fragmentación y la dependencia.
Por eso, más que una agenda de eventos, lo que se abre es una conversación de fondo: si es posible garantizar acceso, sostenibilidad y estabilidad sin fortalecer la producción local, o si ha llegado el momento de asumir, de una vez por todas, una política farmacéutica nacional como política de Estado.






