El modelo de franquicias lleva varios años resistiendo ciclos económicos difíciles en Colombia. Lo hace porque ofrece algo que el mercado valora: entrar a un negocio con marca, procesos probados y una estructura que reduce la curva de aprendizaje.
Esa combinación sigue siendo atractiva para un perfil de inversionista cada vez más informado y más selectivo.
Según Colfranquicias, Colombia cuenta con más de 510 marcas franquiciantes, cerca de 17.900 negocios vinculados al sistema y alrededor de 72.000 empleos directos generados por este modelo. De las 542 franquicias identificadas en el país, 349 son de origen colombiano y 193 extranjeras, lo que refleja tanto la madurez del ecosistema local como el interés de marcas internacionales por operar en el mercado colombiano.
El sector de alimentos concentra aproximadamente 4 de cada 10 franquicias activas en el país, según Publicapital. La gastronomía, las comidas rápidas, las bebidas, los cafés y los formatos de consumo inmediato lideran esta dinámica. Su ventaja está en la alta recordación de marca, la facilidad de replicar operaciones y la posibilidad de adaptarse a distintos niveles de inversión y tamaños de formato.
El perfil del franquiciado también cambió. Ya no se trata únicamente del emprendedor que quiere montar algo propio: hay inversionistas con capital disponible que buscan modelos escalables, medibles y con acompañamiento. Las propias marcas respondieron a ese cambio desarrollando esquemas más flexibles, con menor barrera de entrada y capacidad de adaptarse a distintos territorios y formatos.





