Colombia arrancó el año con múltiples proyectos de infraestructura de transporte en marcha, pero con una alerta en la ejecución presupuestal.
Según el más reciente informe sectorial de Bancolombia (febrero), al cierre de 2025 el Ministerio de Transporte había comprometido el 78,2% de los recursos destinados a carreteras, aeropuertos y proyectos férreos, pero solo había desembolsado el 33,2%.
En la Agencia Nacional de Infraestructura el panorama fue similar: 80,1% del presupuesto comprometido frente a 27,8% efectivamente pagado. Mientras el INVÍAS se ubicó en 73,7% de compromisos y 39,6% de pagos.
En la práctica, los contratos estaban firmados, pero el dinero no fluía al mismo ritmo. Dos de cada tres pesos asignados a obras de transporte no se habían girado.
El desfase ocurre en medio de la transición hacia el modelo 5G, que cambia la lógica de ejecución. A diferencia del ciclo anterior, concentrado en pocos megaproyectos de gran escala, la nueva etapa distribuye la inversión en múltiples contratos activos al mismo tiempo y de menor tamaño promedio. El riesgo ya no está concentrado en el cierre financiero de grandes iniciativas, sino en la capacidad de gestionar simultáneamente varios frentes de obra.
Para Graphisoft, este cambio redefine el perfil de riesgo del sector “Con pagos que no avanzan al mismo ritmo que los compromisos y en un contexto de costos al alza, la ejecución debe apoyarse en una gestión estructurada de la información.
En el modelo 5G, la coordinación técnica —planificada desde los Exchange Information Requirements y gestionada a través de un Entorno Común de Datos— deja de ser solo un asunto operativo y se convierte en una variable financiera que impacta directamente la certificación de hitos y, por tanto, el presupuesto”, afirma Patricio Zapata, Customer Success Manager LATAM de la marca.
A esta presión en la ejecución se suma un entorno de costos menos flexible, ya que a noviembre de 2025 el índice de obras civiles registró un aumento anual de 4% y los materiales representan el 44% de la estructura total, lo que reduce el margen para absorber ajustes técnicos sin afectar el presupuesto. Con este menor espacio de maniobra y una parte relevante de los pagos concentrándose entre 2026 y los primeros años de la década, la capacidad de ejecución será determinante.
“Este nuevo ciclo exigirá mayor disciplina en la gestión de los proyectos, especialmente en transporte y bajo esquemas APP. Administrar correctamente los recursos implica definir responsabilidades claras entre las partes, garantizar la trazabilidad de la información y trabajar con modelos digitales organizados en un entorno común que permita validar entregables y cumplir hitos contractuales con mayor eficiencia”, añadió Zapata.






