ASOLECHE insta a las autoridades regulatorias y a los actores del sector para corregir errores conceptuales en el proyecto de resolución de etiquetado frontal que está tramitando el Ministerio de Salud y Protección Social.
La Asociación Colombiana de Procesadores de Leche respalda el propósito de informar mejor a los consumidores, pero advierte que el diseño actual del proyecto de resolución vulnera el derecho a la información completa, estigmatiza alimentos nutricionalmente valiosos y puede producir el efecto contrario al deseado en la salud pública colombiana.
Una norma que recorta la información del consumidor
Entre varios aspectos negativos y antitécnicos que merecen atención de este proyecto, resulta particularmente grave que su texto prohíbe que un producto marcado con sellos de advertencia informe al consumidor sobre sus propiedades nutricionales positivas. Un ejemplo de esta limitación sería el yogurt al que usualmente se le agrega pectina: este es un espesante natural que se encuentra en muchas frutas y cuya función es la de brindar textura, estabilidad y mejorar la vida útil del producto. Bajo la potencial reglamentación, el envase de este yogurt debería incluir un sello de ultraprocesado y quedaría impedido para informar que es una excelente fuente de calcio, proteína de alto valor biológico, vitamina D o probióticos.
Esto contradice directamente el Estatuto del Consumidor de Colombia, que garantiza el derecho a información completa, veraz y transparente. No existe fundamento lógico, jurídico ni científico para que la presencia de un sello vulnere el derecho del consumidor a conocer la totalidad de los atributos de un alimento.
El error conceptual de fondo: alimentos vs. patrones alimentarios
La norma confunde alimentos con hábitos y estilos de vida. Pretende estigmatizar y castigar alimentos individuales cuando la evidencia científica que ella misma invoca es clara y consistente: una nutrición saludable no depende de si un alimento contiene o no un determinado ingrediente.
Depende del patrón alimentario completo, de la diversidad, tamaño de la porción, frecuencia de consumo y el estilo de vida del consumidor, por no mencionar factores genéticos y otras condiciones propias del individuo. Emitir una «sentencia visual» definitiva sobre un producto basándose en un solo componente desconoce este principio fundamental y trata al consumidor como incapaz de procesar información completa y lo limita en su derecho de escoger e integrar una dieta variada y sana.
El procesamiento lácteo protege la nutrición, no la destruye
La leche es uno de los alimentos más nutritivos de la naturaleza, pero a su vez, cuando está cruda es de los más perecederos que existen. Sin procesamiento (pasteurización, UHT, fermentación controlada, etc) su perfil nutricional no puede llegar íntegro ni seguro al consumidor.
El procesamiento no altera las propiedades nutricionales de la leche, los protege y los conserva: el calcio, la proteína, la vitamina D, sus grasas esenciales llegan intactos a la mesa de colombianos gracias a la industria procesadora formal. Además, la transformación industrial permite un portafolio diverso de derivados lácteos como el yogurt, queso, kéfir, bebidas saborizadas, arequipe, mantequilla, entre otros, que llevan ese poder nutricional a todos los momentos del día y a todos los consumidores, en la forma en que cada persona necesita, prefiere y disfruta. Equiparar ese procesamiento con una señal de alarma sanitaria carece de toda lógica y respaldo científico.
El riesgo real: desincentivar el consumo de alimentos esenciales, como los derivados lácteos, de la dieta de los colombianos
El efecto práctico y predecible de esta norma será desincentivar el consumo de alimentos que tienen contribuciones nutricionales positivas y necesarias para el consumidor colombiano como los lácteos procesados, fuente accesible de proteína, calcio y vitamina D.
El consumidor que abandone un yogurt o un queso por ver un sello, no lo reemplazará necesariamente por una fruta o una verdura, que individualmente consideradas, no son la única respuesta a una dieta saludable. Es altamente probable que, sin saberlo, este consumidor simplemente reduzca su ingesta de calcio y proteína sin que ninguna señal en ninguna etiqueta le advierta sobre ese riesgo.
La posición de ASOLECHE
ASOLECHE no se opone al etiquetado de advertencia. Respalda el derecho del consumidor a recibir información clara y completa. Lo que rechaza es una regulación que aplique indistintamente el mismo instrumento visual de alarma a realidades nutricionales radicalmente distintas.
La nutrición saludable se construye con educación, diversidad y balance, no con sellos que estigmatizan y borran la mitad de la realidad nutricional de los alimentos. ASOLECHE invita al Ministerio de Salud a revisar el diseño de la norma con mayor rigor técnico y coherencia con la evidencia científica disponible.
“Una política pública que, en nombre de la salud, desincentive el consumo de alimentos nutricionalmente valiosos, se convierte en una herramienta de señalización o discriminación, que, con una apariencia de rigurosidad, va a generar un resultado exactamente opuesto al deseado.
El etiquetado, bien diseñado, es una herramienta de información útil y necesaria para el consumidor colombiano. Pero para que eso ocurra, debe reflejar la complejidad real de la nutrición, no simplificarla hasta el punto de desinformar. Una norma que le impide a un yogurt contarle al consumidor que tiene calcio y proteína no está protegiendo la salud pública: la está poniendo en riesgo”, señaló Ana María Gómez Montes, presidente, ASOLECHE





